Delirantes, irreales, obsesionados y patéticos, los personajes de Postal de vuelo no logran (¿no pueden?) sustraerse de la realidad que les agobia o les angustia. Criaturas crueles e inhumanas, sobreviven en un espacio de incomunicación que nos recuerda aquellos ambientes y situaciones del teatro del absurdo. No hay esperanzas –parecen decir- para quienes han sido paridos o abortados por una sociedad y tiempo despóticos, además de marginados por un poder que les ignora y les condena a la inmovilidad, incluso a la extinción, de modo que no encuentran otra manera de salvarse que no sea “hacer juego” y seguir las reglas establecidas por el caos y la desesperación.

El dramaturgo argentino Víctor Winer nació en Buenos Aires el 14 de febrero de 1954; ha estrenado, entre otras, las siguientes obras: Viaje de placer, Luna de miel en Hiroshima, Categoría sport, Buena presencia y El cielo es de los payados. Freno de mano, llevada a escena por vez primera en el 2002 y con más de veinte versiones hasta la fecha, obtuvo el Primer Premio del Concurso Internacional organizado por la Universidad de Nueva York y Argentores.