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Bienvenida
Ya que en los últimos años, los meses
de septiembre y octubre han sido preferidos por los ciclones
tropicales para visitar nuestra Isla, la Casa de las Américas,
decidida a no ceder en su empeño de estimular la creación
musical y la labor musicológica en nuestro Continente,
reordenó su calendario de eventos y seleccionó
el mes de abril para celebrar, de ahora en adelante, sus premios
de música.
Este año la cita corresponde a la segunda edición
del Premio de Composición Casa de las Américas,
que tendrá lugar del 16 al 20 de abril. Con ese fin,
en breve llegarán a La Habana los compositores invitados
Germán Cáceres (El Salvador), Andrés Posada
(Colombia) y Édgard Valcárcel (Perú), para
unirse a sus colegas cubanos Alfredo Diez Nieto y Juan Piñera,
y constituir el jurado que en esta ocasión, valorará
16 obras sinfónicas concursantes, llegadas desde la Argentina,
Brasil, Chile, Cuba, México, Perú y Venezuela.
Como de costumbre, la presencia del jurado será un excelente
pretexto para desarrollar a lo largo de toda esa semana un intenso
programa de debates, audiciones comentadas, análisis
e interpretación de lo más reciente de la creación
musical académica de la América Latina y el Caribe.
Preocupaciones estéticas, distancias y cercanías,
reconocimiento social, presente y futuro, preservación
de la memoria, esos y muchos otros, serán los temas posibles
en este diálogo que protagonizarán los creadores
compositores e intérpretes- y el público.
Pero el verdadero reto en una propuesta de esta naturaleza es
lograr apostar incondicionalmente por el artista y el arte;
es facilitar el espacio de negociación pertinente, donde
concurran los actores imprescindibles para que la obra musical
se realice -creador, intérpretes, públicos- y
para eso, es absolutamente necesario dejar al margen, cualquier
preconcepto estético o formal sobre la música
misma.
Ese es el reto que la Casa de las Américas se propone
asumir con estas jornadas de escucha atenta y experiencia viva.
Y felizmente podemos decir que, en ese riesgo, nos acompañan
los músicos y las instituciones de la música cubana,
que más que colaboradores, son cómplices concientes
de que estos encuentros y conciertos más que complacer,
pretenden inquietar; más que promover la creación
contemporánea, pretenden provocar el reconocimiento y
encuentro con los diversos universos por donde transita el imaginario
estético y sonoro de un compositor de nuestros días;
más que el aplauso -que siempre resultará estimulante-,
agradecerá la disposición a develar los múltiples
significados; a tratar de comprender y hasta de asombrarse,
ante los nuevos discursos con los que, desde la música,
el arte dialoga con el presente.
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