Pesar
todo
(Antología con selección, compilación y prólogo
de Eduardo Milán)
Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo
de ti.
Me he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé
que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños.
El viento de la noche abate estrellas temblorosas en mis manos,
que aún no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo.
En mi corazón se agitan los pájaros que en él
sembraste y a veces les daría la libertad que exigen para
volver a ti, con el helado filo del cuchillo.
Pero no puede ser. Porque estás tan en mí, tan viva
en mí, que si me muero a ti también te moriría.
De Violín y otras cuestiones (Buenos Aires, 1956)
Lo que vendrá
El que no anduvo su pasado/
No lo cavó/ no lo comió/ no sabe
El misterio que va a venir/
Nunca puso su vida/ para
El misterio que va a venir/ la pena
Desaparecerá/ un gran humo
Se alzará de la sed/ de la hambre/ de
La injusticia/ la soledad/ arderán
como leños/ los astros
se tranquilizarán/
y todo será verde/
como el misterio del dolor/
como tus pechos blancos
bajo el manzano/
los rollos del mar muerto
De Com/posiciones (París, 1984-1985)
Poema
Entre los adelantos médicos figuran
el by-pass para que siga el corazón,
el láser para entrar a la vesícula
por un agujerito, y
muchos otros que empujan al cuerpo
contra lo desconocido.
Esta semejanza de la vida
provoca el llanto de la razón.
Nadie estudia los nervios
de la estupidez. Las arterias
del mal, la médula del dolor, los huesos
de tanta angustia que gira por ahí
con trazado oscilante.
Hay quien dice que es inútil
porque no hay remedios,
no hay farmacias del alma.
Hay quien dice que esta noche
es igual a todas las noches.
Pero en esta noche canta
lo que nunca tendremos
y el pasado es un canario ciego
que te había visto.
En el vacío de tu imagen
estaba el ancho sol.
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