Este libro intentó
mostrar el funcionamiento de una máquina cultural, que produjo
ideas, prácticas, configuraciones de la experiencia, instituciones,
argumentos y personajes. No es una máquina perfecta,porque
funciona dispendiosamente, gastando muchas veces más de lo
necesario, operando transformaciones que no están inscriptas
en su programa, sometiéndose a usos imprevistos, manejada
por personas no preparadas especialmente para hacerlo. Me he ocupado,
como lo indica el título, de una maestra, de una traductora
y de un grupo de jóvenes vanguardistas. Cada uno de ellos
estableció con la máquina cultural relaciones diferentes:
de reproducción de destrezas, imposición y consolidación
de un imaginario (la maestra); de importación y mezcla (la
traductora); de refutación y crítica (los vanguardistas).
En el primer episodio, una maestra enseña lo que ha aprendido,
creyendo que lo que fue bueno para ella será bueno para sus
alumnos que, en las primeras décadas del siglo, vienen, como
ella, de las casas pobres y los conventillos ocupados por inmigrantes
e hijos de inmigrantes. En el segundo episodio, una mujer de la
élite oligárquica, nacida en cuna de oro y criada
en una jaula dorada, hace del dinero y de la educación que
recibió de sus institutrices algo más que lo que había
calculado su clase de origen, abriendo un espacio de irradiación
cultural que fue decisivo desde los años treinta hasta los
cincuenta. En el tercer episodio, un grupo de hombres jóvenes,
movidos por el impulso radicalizado de su época, creen resolver,
en una noche de 1970, los conflictos irresolubles entre cultura
y política.
Son tres historias verdaderas y, según creo, muy representativas
de la cultura argentina de este siglo. Tienen, además, una
ventaja: no permiten identificarse con sus protagonistas; pero,
bien leídas, tampoco merecen sólo una condena ideológica
o moral. Se trata de personajes que piden ser escuchados en sus
razones, que no siempre presentan de manera clara, y ubicados en
el marco de fuerzas en conflicto que ellos no controlan […]
Las tres historias de este libro se presentan de manera diferente.
Hay una primera persona; hay un tejido de citas que tiene como modelo
otro tejido de citas; hay un narrador que compone su argumento a
partir de detalles que le llegan con diversas inflexiones, a través
de voces diferentes. Cada episodio debió encontrar su tono
y cuando apareció el tono tuve la impresión de que
empezaba a comprender la historia a través del dibujo que
tomaba el relato.
Escribiéndolo, aprendí más de lo que ya sabía
sobre el funcionamiento de la máquina cultural, aunque este
libro no tiene la pretensión de dar una esquema completo
de sus mecanismos. Quisiera que los lectores hayan podido percibir,
como yo, la presencia contradictoria del pasado como algo que no
se ha terminado de cerrar, y que al mismo tiempo es irrepetible.
El pasado como napa de sentidos que se transfieren al presente,
y como roca de tiempo que no volverá a emerger a la superficie.
Atlántida, febrero de 1998.
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