La puerta solferina
Cleva Solís ha muerto.
Al margen
del Tiempo,
el Blanco y el Azul,
un ángel
de alas
levísimas
la dejó ante
la puerta solferina,
en Puentes Grandes, donde los Borrero.
.....Cleva Solís ha
muerto.
Ya no siente la pesadumbre
indetenible de los años
el Tiempo no existe.
.....Cleva Solís ha
muerto.
Ahora estará escuchando qué susurra
Carlos Pío, qué calla
Julián, y mira
cómo arden las falenas
en el candil que sirve de modelo
para que Juana
dibuje.
.....Cleva Solís ha
muerto.
La gran tatagua con ojos de buey,
la gran tatagua heraldo de la muerte,
se ha posado en la puerta solferina,
en Puentes Grandes, donde los Borrero.
La chair est triste, hélas!
Et jai lu tous les livres.
S. Mallarmé
Alguien llega, retira la banqueta
bajo mis pies y caigo despertando:
nunca alcanzaré el último anaquel
donde yace tumbado, solitario,
con el lomo escamoso y unas manchas
de oro donde debiera estar el título.
Qué libro es éste, acaso el mismo libro
que el maestro de sexto me prohibía
tomar de aquel armario donde sólo
había textos escolares, una
gruesa Historia de España (cómo olía
a exhumación el pergamino añejo)
y arrumbado en el último anaquel,
tumbado como un animal enfermo
que no debo tocar, el libro solo.
Pregunto qué fue realidad, qué sueño
conozco la respuesta: nadie sabe.
¿Dones? Hubimos dones; pero siento
que hice cosecha demasiado pobre:
la carne es triste lo sé desde siempre,
pero nunca, ¡ay!, habré alcanzado el libro
del último anaquel.
Un libro, el libro
La chair est triste, hélas! Et jai lu tous
les livres.
S. Mallarmé
Alguien llega, retira
la banqueta
bajo mis pies y caigo despertando:
nunca alcanzaré el último anaquel
donde yace tumbado, solitario,
con el lomo escamoso y unas manchas
de oro donde debiera estar el título.
Qué libro es éste, acaso el mismo libro
que el maestro de sexto me prohibía
tomar de aquel armario donde sólo
había textos escolares, una
gruesa Historia de España (cómo olía
a exhumación el pergamino añejo)
y arrumbado en el último anaquel,
tumbado como un animal enfermo
que no debo tocar, el libro solo.
Pregunto qué fue realidad, qué sueño
conozco la respuesta: nadie sabe.
¿Dones? Hubimos dones; pero siento
que hice cosecha demasiado pobre:
la carne es triste lo sé desde siempre,
pero nunca, ¡ay!, habré alcanzado el libro
del último anaquel.
|