Hacia el futuro
Felipe Pérez Roque
Quiero señalar tres cuestiones:
Primera: El derecho internacional
que el presidente Bush se empeña en ignorar, reconoce, sin
embargo, el derecho de Cuba a escoger su propio sistema político.
Escoger nuestro propio sistema político es un derecho que
los cubanos tenemos y que el derecho internacional reconoce. La
Carta de las Naciones Unidas plantea «el respeto al principio
de la igualdad de derechos» –sea grande, chiquito, pobre
o rico– «y al de la libre determinación de los
pueblos».
Los Pactos Internacionales de Derechos Humanos señalan:
«Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación.
En virtud de este derecho establecen libremente su condición
política» –escogen su sistema– «y
proveen asimismo su desarrollo económico, social y cultural».
Lo recordamos en este momento en que hablamos de consagrar en nuestra
Constitución, todavía con más fuerza, estos
principios.
Incluso, la Carta de la Organización de Estados
Americanos, organización que conocemos bien y cuya historia
nuestro pueblo conoce, plantea lo siguiente: «Todo Estado
tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político,
económico y social, y a organizarse en la forma que más
le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de
otro Estado». Eso plantea la Carta de la OEA que los Estados
Unidos firmaron y que le obligaba a respetar, al triunfo de la Revolución
Cubana, el sistema político, económico y social que
nuestro país decidiera.
En estos días han estado hablando con sentido
irónico, sin dejar, sin embargo, de reconocer la contundencia
de las manifestaciones populares que ha habido en nuestro país,
sin precedentes en la historia de nuestro país y de esta
región; han estado hablando de que nos proponemos declarar
el socialismo intocable –lo ponen entre comillas. No se atreven
a ir más lejos, pero hay un tono de insinuación en
la frase. Sin embargo, Estados Unidos acaba de imponer en la propia
Organización de Estados Americanos, que el sistema del pluripartidismo
y el capitalismo como sistema en la América Latina es intocable.
Ellos han declarado para el resto de la América
Latina como intocable el sistema que han impuesto, neoliberal y
de pluripartidismo, para dividir a los pueblos y dominarlos mejor,
en una reciente Carta Democrática Interamericana que se ha
aprobado en la OEA. En esa Carta se proclama que si algún
país de la América Latina violara, se saliera de ese
sistema, lo expulsarían y lo sancionarían. ¿Por
qué tendríamos nosotros menos derechos de declarar
intocable, intangible, o como nos parezca, nuestro sistema político,
con el apoyo de más del 99% de nuestra población,
en las plazas y con las firmas expresas de nuestros ciudadanos?
Ése es un primer tema.
El derecho internacional está de nuestra parte,
el pueblo cubano tiene el derecho a hacer en Cuba lo que considere,
y el gobierno de los Estados Unidos tiene el deber de respetar lo
que los cubanos decidamos hacer, en virtud y con el apoyo de nuestros
ciudadanos, incluidos nuestros niños.
Segunda: Que los cubanos de hoy, de los que esta Asamblea
es parte importante, después de lo que hemos vivido en Cuba,
después de lo que hemos visto en el mundo y de lo que vemos
cada día, no tendríamos perdón si nos dejamos
embaucar un día o si nos rindiéramos a las presiones
de Bush o de otro presidente de los Estados Unidos, no tendríamos
perdón ante la historia y ante nuestros hijos.
Dos condiciones ha dicho el presidente Bush que pone
a Cuba para perdonarnos la vida:
A) Ha dicho –hemos leído aquí
sus discursos, han sido analizados, nuestro pueblo los conoce–
que abandonemos el sistema político que nos ha hecho libres
e independientes por primera vez en nuestra historia. ¡Bien
ingenuos seríamos nosotros si lo hiciéramos!
¿Por qué nosotros tendríamos
que hacerles fáciles las cosas a Bush y a la mafia de Miami,
su aliada? ¿Por qué deberíamos permitirle aquí
formar el partido que pedirá la invasión yanqui primero,
y la anexión de Cuba después? ¿Por qué
deberíamos permitirle armar aquí el partido y la prensa
que obedezca a sus intereses y que se financie con su dinero? ¡Ésa
es la clave!
Nosotros ganamos esta guerra, nosotros somos los vencedores,
nosotros hemos resistido más de cuarenta años de agresiones
y ellos no pudieron repetir la historia de principios del siglo
XX en 1959; no han podido, y nosotros tenemos el poder, y lo tenemos
en virtud del apoyo popular y de la admiración del mundo,
que crece, incluso, dentro de los propios Estados Unidos.
Seríamos ingenuos si un día cediéramos
la prerrogativa, que el derecho internacional nos reconoce y que
la historia ha puesto en nuestras manos, en virtud de nuestra resistencia
heroica y de haber resistido agresiones y bloqueo, a las presiones
o al engatusamiento del vecino poderoso.
La mafia de Miami ha quedado fuera del tiempo histórico
de nuestra Patria, le ha pasado por encima la rueda de nuestra historia.
La historia está de nuestro lado, la opinión pública
internacional está de nuestro lado.
¿Por qué pluripartidismo en Cuba si
no existe en los Estados Unidos y colapsó ya en la América
Latina? ¿Por qué hacerlo ahora cuando ya nadie cree
en eso en el mundo, cuando el sistema de partidos políticos
está desprestigiado, cuando los políticos hacen campañas
electorales diciendo que no forman parte de los partidos? Varios
partidos con iguales programas, nula libertad para cumplir en el
gobierno lo que prometieron en la campaña electoral, varios
partidos que generalmente reciben dinero de los mismos intereses
locales y extranjeros a los que después pagarán el
favor. Diferentes partidos, pero no diferentes alternativas, no
diferentes y reales alternativas. Ninguno puede decir que no pagará
la deuda, ninguno puede decir que revisará alguna privatización
corrupta, que intentará rescatar las riquezas nacionales.
¡No pueden!, subordinados a los intereses foráneos,
a los organismos financieros internacionales.
¿Por qué debemos formar en Cuba otra
vez los partidos que ya en Cuba una vez no resolvieron nada? Ésa
es la clave de este momento y es lo que está en juego en
la decisión que esta Asamblea tomará con el apoyo
del pueblo, diga lo que diga nuestro adversario.
Bush recaudó ciento noventa y tres millones
de dólares, ¡ciento noventa y tres millones de dólares!,
y gastó ciento ochenta y seis millones, hasta que lo designaron
–¡lo designaron!– presidente en los Estados Unidos.
¿Ése es el ejemplo que nos ofrece a nosotros? ¿Ésa
es la autoridad moral con la que puede presentarse a dictarles cátedra
de democracia a los cubanos? ¡Hay que ser serios y hay que
comprender que los cubanos tenemos cultura política y tenemos
conocimiento de lo que está pasando en el mundo y de lo que
es la realidad de nuestro país!
B) El otro requisito que nos pone es instalar el capitalismo
en Cuba y abrir paso a las transnacionales norteamericanas y a la
mafia batistiana que, según la Ley Helms-Burton –aquí
no se puede olvidar que diga lo que diga Bush, hasta que no se derogue
la Ley Helms-Burton ésa es la política norteamericana
hacia Cuba–, el bloqueo no se puede levantar hasta que, una
vez destruida la Revolución, se le hayan devuelto las propiedades
a la mafia batistiana, e, incluso, la ciudadanía cubana a
los miembros de la mafia que se hicieron ciudadanos norteamericanos
al llegar a los Estados Unidos. Eso es lo que dice la Ley Helms-Burton,
y que se nombraría un interventor otra vez, y que después
que estuvieran disueltas las instituciones de la Revolución
y devueltas las propiedades, se levantaría el bloqueo. Eso
es lo que dice la Ley Helms-Burton, y vale recordarlo, porque más
allá de lo que diga Bush ésa es la política
norteamericana.
¿Por qué deberíamos instalar
en Cuba el capitalismo, que ya sabemos que no resolvió nada
en Cuba? ¿Por qué deberíamos instalar en Cuba
un modelo de capitalismo subdesarrollado, que es el que tocaría
en este país, dependiente de los Estados Unidos?, si ese
modelo es el que ha sumido a la América Latina en una miseria
creciente y en una desigualdad vergonzante. ¿Por qué
debemos hacer a Cuba capitalista si con el capitalismo en la América
Latina la mitad de la población está viviendo en este
momento en una pobreza creciente y desoladora? ¡Bien ingenuos
seríamos nosotros si nos creemos el sueño de que el
capitalismo hará de Cuba un país desarrollado!, si
nos creemos el cuento de que va a dar riqueza y seguridad a cada
familia. ¡Cuentos, patrañas, embustes, maraña
del enemigo!, canto de sirena que no llegaría nunca a un
país pobre del tercer mundo, al que le espera prácticamente
la anexión a los Estados Unidos si un día derrotaran
a la Revolución e instalaran en Cuba un modelo de capitalismo
que ya nuestro pueblo conoció bien.
Tercera: Expresar a la Asamblea que el acto de hoy
es trascendente y necesario; pero no sólo por consagrarlo
en la Constitución preservaremos el socialismo en Cuba. De
hecho, el socialismo llegó a Cuba antes que la actual Constitución.
El socialismo llegó a Cuba en los fusiles de los milicianos
que combatieron por defender el socialismo en Cuba en las arenas
de Playa Girón; en las leyes revolucionarias, de las que
otros compañeros, con testimonios realmente inolvidables,
han dicho aquí lo que han significado para sus vidas, para
sus familias, para su pueblo.
La clave aquí es no desarmarnos de ideas, no
errar. La clave aquí y la respuesta que esta Asamblea da
hoy es qué haremos nosotros cuando la generación que
hizo la Revolución y la comanda hoy, la generación
de Fidel, de Raúl, ya no esté entre nosotros; cuando
no esté el magisterio de Fidel, la vista larga, que ve donde
los demás no vemos todavía; el instinto, la habilidad
y la ética, el rigor y la experiencia, la flexibilidad en
lo que puede ser flexible y la firmeza inconmovible en los principios;
cuando ya no esté Raúl para recorrer el país
proclamando: ¡Sí, se puede!, en medio de la parálisis,
el estupor lógico por la caída de algunos y la traición
de otros. ¡Ésa es la clave!
El enemigo apuesta, dice, a la solución de
que las generaciones futuras no tendrán la firmeza, no tendrán
la presencia de ánimo y no tendrán el compromiso con
estos ideales que ha tenido la generación incorruptible que
ellos no han podido derrotar y que ha levantado a un pueblo entero
a una lucha que ha concitado la admiración internacional.
Ésa es su ilusión, y ahí está la clave.
Lo que hacemos hoy, el acto que hoy hacemos, la discusión
y el voto que tendremos, expresa una aspiración hacia el
futuro, cumple un mandato del pueblo, es una fuente de legitimidad
incuestionable, es un acto imprescindible en este momento, pero
no lo es todo.
Vale recordar que la Unión Soviética
fue disuelta, aunque el 75% de la población había
apoyado en un referendo su no disolución apenas unos meses
antes de que esto se consumara.
La clave futura, en mi opinión, estará
en que mantengamos la unidad para que no se repitan las divisiones
y el desaliento del Zanjón, que ya una vez nuestro pueblo
y nuestros antecesores sufrieron. No basta haber luchado mucho,
hay que tener la firmeza y la presencia de ánimo en el momento
decisivo. Por eso vencimos en Angola, tras quince años de
guerra gloriosa, porque no falló a la hora decisiva nuestra
determinación, nuestro valor, y pudimos lograrlo, tras largos
años. Otros han luchado mucho y han sido derrotados en un
momento de flaqueza.
No permitir que nos destruyan el Partido, en mi opinión
es clave. La disolución del Partido Revolucionario Cubano
fue decisiva para convertir a Cuba en una virtual colonia yanqui.
Un partido austero y ejemplar, sencillo y profundamente ligado al
pueblo será una garantía. Un partido cuyos miembros
pueden mirar con la vista al frente al pueblo que admira en ellos
a los que sólo tienen el privilegio de poder sacrificarse
más que los demás. Un partido que no da prebendas,
que no da privilegios, que no da coimas, que no da regalos. Un partido
que sólo da derecho a ser ejemplo y a exigir estar en la
primera fila. Es una garantía hacia el futuro que no nos
destruyan nuestro Partido y que nosotros no lo pongamos en ese peligro
con errores, y que preservemos la autoridad que el Partido ha tenido
tras largos años de lucha.
No permitir que nos desarmen el ejército popular,
con millones de combatientes, que hemos construido y que ha podido
librar batallas tan heroicas y admiradas hoy, como la lucha contra
el apartheid, a miles de kilómetros de nuestra patria. No
por gusto la Ley Helms-Burton plantea que en un escenario de destrucción
de la Revolución «los Estados Unidos ayudarán
a preparar a las fuerzas armadas cubanas para que desempeñen
un papel adecuado en una democracia», dice la Ley. Sería
otra vez el desarme del Ejército Libertador, que tan caro
costó a los cubanos de la guerra de 1895; lo sustituirían
otra vez por la Guardia Rural y por una policía represiva
y corrupta, dependiente de los dictados de los Estados Unidos.
No perder el dominio de nuestra economía. No
perder la capacidad de decidir qué se hace en este país,
que somos nosotros el único país de la América
Latina que puede decir hoy que decide lo que se hace en este país
en materia económica, en materia política y económica.
¿Comercio con las transnacionales? Sí,
y con toda seriedad y muy bien. ¿Inversión extranjera?
Sí, y bajo nuestro control, como ha ocurrido, donde nos interese
y nos convenga. ¿Dictados del Fondo Monetario Internacional,
de la Reserva Federal de los Estados Unidos, como en otros países?
¡Jamás! Se acabarían entonces la salud y la
educación para todos, la cultura y los programas sociales,
las garantías para los ancianos y los derechos de las mujeres.
Se acabaría lo más importante, la atribución
insustituible de nosotros mismos decidir. Se acabaría todo
eso. Al día siguiente llegarían aquí unos expertos
a decirnos que recortáramos los gastos sociales, que renunciáramos
a las escuelas, a la ilusión de darle aquí hospitales
y médicos a todos, desempleo para los médicos de la
familia, desempleo para el cuarto millón de educadores, que
hoy tienen todos un aula y a los que la Revolución encontró
en el momento de su triunfo sin aulas, en un país con millones
de analfabetos, como aquí se dijo.
No darles espacio en nuestra prensa. ¿Por qué
tenemos que permitirles aquí la prensa, pagada por ellos,
que pida la anexión e intoxique otra vez a nuestros niños
y jóvenes con la mentira de que los Estados Unidos nos ha
liberado? ¿Hay espacio en la prensa internacional para decir
la verdad sobre Cuba? ¿Se puede decir la verdad en la prensa
controlada por la mafia en Miami? Bueno, si derrotan a la Revolución
harán en la prensa lo que quieran; pero mientras la Revolución
esté triunfante como está hoy, la prensa es para defender
a la Revolución, y es del pueblo, como ha sido.
Les duele una prensa objetiva, que dice la verdad,
que informa, y una prensa revolucionaria. No existe prensa en el
mundo que no obedezca a algunos intereses, y la nuestra, al interés
sagrado de responder al pueblo que detenta el poder aquí
y que defiende a la Revolución, y, por tanto, seríamos
ingenuos si les aceptáramos sus reglas de juego. El tablero
del juego aquí lo ponemos nosotros, que para eso hemos puesto
los muertos que costó la Revolución.
Por último, en este glosario rápido
de lo que modestamente considero prioridades en nuestra lucha heroica,
tenemos que preservar nuestra cultura nacional, humanista y liberadora.
Oímos el análisis esclarecedor de Abel
hoy en la mañana. Fidel ha dicho: «Sin cultura no hay
libertad posible»; lo ha dicho Fidel, «Sin cultura no
hay libertad posible». «¿Qué es Patria
si no una cultura propia?», ha dicho Fidel en el diálogo
con nuestros creadores y artistas.
En fin, considero que no ceder, no hacer concesiones,
ahora que hemos conquistado la victoria y la hemos defendido por
décadas, es el mandato del pueblo, es lo que significan esos
más de ocho millones de votos llegados a esta Asamblea desde
todos los rincones de Cuba y del mundo. Y ahora lo vamos a elevar
a precepto constitucional.
No caer en ingenuidades, no creer en las mentiras
y los dogmas, en los que ni ellos mismos creen ya, pero no tienen
el valor para reconocerlo. Y no es fanatismo, es realismo.
No odiamos al pueblo norteamericano, más de
una vez se ha dicho; no odiamos al pueblo norteamericano, no lo
hacemos responsable de nuestros sufrimientos, del bloqueo contra
Cuba. No confundimos tampoco a la mayoría de los cubanos
que viven en los Estados Unidos con la mafia minoritaria y poderosa
que hay en Miami. Consideramos que el bloqueo también afecta
los derechos de esos cubanos, les impide las relaciones con sus
familias en Cuba. No los confundimos con esa mafia. El enemigo intenta
tergiversar nuestra realidad, los esfuerzos que nuestro gobierno
ha hecho para propiciar el contacto de esos cubanos con el país
y con su familia. Y creo que de alguna manera nuestra lucha es también
a favor de esa mayoría silenciosa que emigró o que
nació allí y en cuyo nombre la mafia pide más
bloqueo y más agresiones.
Finalmente, quisiera dejar consignado, en nombre de
los trabajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores, de sus
diplomáticos que están en este momento en el exterior,
que nuestro pueblo no tendrá razones para avergonzarse de
ellos. Los diplomáticos revolucionarios cubanos jamás
negociarán bajo presión, amenaza o agresión,
como han pedido aquí a esta Asamblea consagrar en nuestra
Constitución las organizaciones de masas. Jamás acallarán
su voz, jamás dejarán de hablar por los pobres, jamás
dejarán de ser antimperialistas, ni siquiera, si un día
hubiera relaciones más o menos normales entre Cuba y Estados
Unidos, pero hubiera imperialismo.