Allende en la memoria y en las luchas*
Esther Pérez
Susan George, la autora del importante
Informe Lugano, recordó durante su reciente visita a La
Habana la afirmación de Ralph Peters, encargado de Guerras
Futuras!!! («Future Warfare») del Pentágono: «El
mundo tiene que permanecer abierto a nuestra penetración económica
y nuestro empuje cultural. A ese fin tendremos que matar a una buena
cantidad de personas.» («The world must remain open to
our economic penetration and our cultural thrust. To those ends we
should do a fair amount of killing».) Y aunque ya no son pocos
los análisis de la neolengua y la neomemoria que nos imponen
los centros de poder, el «empuje» tiene una fuerza tal
que somos a la vez sus víctimas y sus portadores inconcientes.
El Pentágono, para no ir más
lejos, no es para nosotros sino el edificio de Wáshington,
como si no existieran más objetos relevantes de cinco lados.
La Serie Mundial de pelota sólo se dirime entre equipos de
la América del Norte. Y Big Brother ha pasado a ser
un popularísimo programa de televisión con versiones
locales en varios países.
Y claro, al capitalismo se le llama economía
de mercado; cada vez que se menciona al imperialismo hay que aclarar
que se hace por una opción ideológica; y la guerra emprendida
contra uno de los países más pobres del mundo se bautiza
«justicia divina». Para no hablar de que existe un tribunal
mundial del que están eximidos los norteamericanos o
de que en la base naval de Guantánamo los derechos humanos
consisten en encerrar en jaulas a prisioneros de guerra.
Dos ejemplos más de cómo nos roban las
emociones y la memoria. Al terminar un acto impresionante en un estadio
de Porto Alegre, durante el Foro Social Mundial 2003, un compañero
del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) empezó
a tocar en la guitarra las canciones del Movimiento. De ahí,
a pura cuerda y ritmo brasileño, pasó a La internacional.
La cantábamos algunos en español, junto a compañeros
y compañeras que lo hacían en inglés, portugués,
francés. De pronto, una muchacha brasileña que estaba
a mi lado me preguntó: «Por favor, ¿qué
canción es esa?» Y me di cuenta de que los jóvenes
nos miraban entre aprobadores y sorprendidos, dispuestos a admitir
que se trataba de una canción que movilizaba a «los viejitos»,
pero que no era para ellos una referencia.
Durante el mismo Foro, me encontré con un amigo
chileno, que me contó que el año pasado, aproximadamente
el 80% de las menciones al 11 de septiembre en los medios de comunicación
chilenos se referían a la lamentable voladura de las torres
gemelas en Nueva York. El 11 de septiembre de 1973, en Chile, ya es
cosa demasiado pasada, demasiado remota, ya no es noticia. El nueve/once
(«nine/eleven», como lo han bautizado los medios
en inglés, inventando un término pegajoso que recuerda
la marca comercial de una gaseosa) se amplifica macabramente para
cubrir todo el panorama, como si fuera el inicio del terrorismo y
la causa suficiente de genocidios por el petróleo.
Uno de los esfuerzos para contrarrestar esta situación
entre los muchos que de manera esperanzadora se están
desplegando es el de no dejar morir la memoria, el de pasarla
a los más jóvenes, los hijos y las hijas de la ignorancia
y la banalización impuestas. El libro del norteamericano James
Cockcroft sobre Salvador Allende dedicado a «la nueva
generación en su lucha por la paz y la justicia»
se inscribe cabalmente en esa línea.
Autor de más de veinte libros sobre la América
Latina, derechos humanos, relaciones internacionales y multiculturalismo,
Cockcroft es uno de los intelectuales que han sido puentes vivos en
los Estados Unidos entre el movement de los 60 y la actualidad.
Internacionalista por vocación e historiador de profesión,
se le ve en México, Argentina o Brasil, siempre analizando
con agudeza y un humor incisivo la política exterior norteamericana
hacia la región, las coyunturas de los países y la historia
de los procesos que les han dado origen.
Como corresponde a sus propósitos, Chiles
Voice of Democracy... presenta la voz de Salvador Allende en veinte
textos cuidadosamente escogidos, algunos publicados por primera vez.
Ellos muestran la evolución del médico socialista que
encabezó la Unidad Popular, al abarcar desde 1939 hasta sus
últimas palabras transmitidas el 11 de septiembre de 1973 por
Radio Magallanes. A los textos siguen una cronología de Chile
de 1962 a 1975, una cronología de Salvador Allende y un apéndice
que contiene el programa de la Unidad Popular. Además, el libro
se abre con un estudio introductorio que cumple el objetivo del autor
de dirigirse a esa «nueva generación», ya que,
por un lado, ubica a Allende, las luchas chilenas y el golpe de Estado
en el marco de la geopolítica norteamericana; y, por el otro,
analiza la importancia del legado de Allende en las condiciones de
la «lucha por la paz y la justicia».
Titulado «Allendes Words Then and Now»
(Las palabras de Allende entonces y ahora), el estudio comienza
describiendo sucintamente los acontecimientos del 11 de septiembre.
Al final del primer acápite, Cockcroft pregunta: «¿Quién
era Salvador Allende? ¿Cuál era su visión de
la democracia? ¿Cómo contribuyó a
ampliarla? Y, sobre todo, ¿por qué son importantes hoy
día la vida y las palabras de Allende?» El resto de su
contribución está dedicado a responder esas preguntas.
Los cinco acápites siguientes en los que Cockroft
organiza su introducción nos llevan de «Los años
tempranos, 1908-1932: influencias familiares, activismo estudiantil»
a «Los años finales, 1951-1973: Un hombre digno,
leal a su país», pasando por «Los años
intermedios, 1932-1951: la defensa de los trabajadores y la democracia
chilena». Y concluido el ciclo vital de Allende y los acontecimientos
chilenos y mundiales que tuvieron influencia en su vida y su evolución
política, se enlazan con la actualidad mediante «Las
palabras de Allende hoy: ¡de nuevo el imperialismo y la democracia!»
y «Allende y el desafío socialista actual al neoliberalismo».
Me detengo en estos dos últimos porque, si
los primeros son un caso ejemplar de recuperación de la memoria,
los dos últimos lo son de reivindicación de conceptos.
En ellos, con claridad carente de didactismo y suma llaneza, Cockcroft
historia el uso de la palabra democracia y de las representaciones
de la misma entre diferentes sectores de la población mundial.
Reivindica el socialismo, pero lo hace como entiendo que más
vale: narrando y analizando el pesado fardo del cual debe despojarse
tras sus experiencias históricas desaparecidas a fines del
siglo pasado y las huellas que ellas han dejado en millones de personas.
Y también habla del neoliberalismo, pero lo ubica como lo que
es: la ideología y las prácticas consecuentes con ella
del capitalismo de nuestros días.
Cockcroft termina su introducción por donde
la empezó: dirigiéndose a los jóvenes: «Por
suerte, no se puede borrar permanentemente la memoria de una nación.
El pasado es historia, sí, pero la historia da forma al presente...
y el presente, al futuro. El pasado, como la memoria, no se puede
borrar... De los libros de texto básicos de las más
jóvenes generaciones chilenas se ha omitido a Salvador Allende
durante veintisiete años. Pero... sus palabras aún resuenan
veintisiete años después de su muerte porque, fueran
o no las correctas, al menos se referían a los temas candentes
de la justicia social que son, hoy más que nunca, atinentes
al capitalismo.»
Termino con una noticia: una publicación hermana
de Casa de las Américas, la revista latinoamericana
América Libre (de director brasileño, editora
argentina y consejo editorial de todo el continente) ha lanzado la
convocatoria a un seminario en Santiago de Chile el próximo
11 de septiembre, cuando se cumplirán los treinta años
del golpe de Estado y el asesinato de Allende y de tantos compañeros
y compañeras de Chile y de otros países que se encontraban
en el país, entregados a la tarea de defender el proyecto de
la Unidad Popular de los reaccionarios internos y de la injerencia
norteamericana, y de construir un Chile más justo. Y en ese
seminario se lanzará el libro de Cockcroft en español,
y otros que ya se preparan para esa fecha. Confío en que el
seminario se inscriba en la lista de esos encuentros imprescindibles
que desde Seattle hasta Génova, pasando por Porto Alegre y
Venecia, visibilizan que no somos tan pocos ni estamos tan desorganizados
los que ya sabemos que el capitalismo nos conduce al abismo, y retejemos
los hilos de la memoria y de las luchas.
* James Cockroft: Chiles Voice of Democracy:
Salvador Allende reader, introducción y edición
de James Cockroft, tradución de Moisés Espinoza y Nancy
Núñez, Ocean Press, Melbourne-Nueva York, 2000.