ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR
Tumbas y mar
A Volodia Teitelboim
El Pacífico arroja sus olas reiteradas
Contra las enormes piedras grises
A cuyo borde yacen
Matilde y Pablo Neruda.
Silencioso, entre amigos, contemplo el impaciente Océano
Frente al cual se escribieron tantos versos
Que luego llevaron por el mundo
Alegrías y penas, imprecaciones, grandezas y miserias y destellos.
Al regreso de Isla Negra, visitamos,
En un pequeño alcor de Cartagena,
El solitario túmulo donde Vicente Huidobro
Llegó al final del último camino.
Pensé en aquella mañana de 1955
Cuando en Montrouge fuimos a llevar una flor a la tumba de Vallejo.
Delia Domínguez nos pide que recemos un Padre Nuestro.
No lo hacía desde los exaltados días perdidos de Nicaragua.
Las palabras no coinciden: algo ha variado
De traducción en traducción,
De tiempo en tiempo.
Una lápida anuncia en grandes letras:
ABRID LA TUMBA
AL FONDO
DE ESTA TUMBA
ESTÁ EL MAR
Por debajo de hojas, de querellas, de injurias que el viento dispersó,
El mismo mar resuena en lo oscuro de las tumbas.
Santiago de Chile-La Habana, 1999-2000